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Relatos, historias de warhammer 40,000



MORIAR

Los rayos láser silbaban sobre la cabeza del joven Tegamus, uno de ellos fue a parar al blindaje lateral de un rhino de transporte, este dió un par de vueltas de campana y explotó en mil pedazos sobre la escuadra Andumión de la guardia de la muerte, los supervivientes se levantaron y corrieron furiosos hacia la ciudad. Una gran horda de orkos había ocupado la ciudad en ruinas de Mhilast y se le había asignado a la escuadra de Tegamus limpiarla, y es que por estúpido que pareciese, era lugar estratégico, pero bueno... eran ordenes directas del mismísimo Mephiston y había que cumplirlas.

Después de llenar con plomo a decenas de goblins y orkos, llegó por fin a su parte preferida, el asalto. Desenvainó su espada sierra y segó la pierna del primer orko que se le puso por delante. A continuación vinieron una profunda estocada con giro, partiendo al orko por la mitad; un par de degollaciones y un goblin cortado de arriba abajo. Las calles ya estaban limpias, llamó a sus hermanos Gilliam y Resasnus y se introdujeron en una casa, parecía que no estaba vacía... Después de buscar por toda la casa durante dos minutos llenos de tensión, oyeron un pequeño ruido y se pararon. De repente, la pared se vino abajo y cinco enormes nobles orkos empezaron a descargar su artillería; sus hermanos murieron al instante y él fue herido en los brazos y en una pierna. Tegamus yacía en el suelo y los nobles orkos se disponían a rematarlo cuando el más grande de ellos dijo:

-No, ezte ez mío, zu cráneo quedará bien en mi azta de trofeoz.

Los otros cuatro, resignados, se marcharon en busca de más ángeles sangrientos mientras que Tegamus quedaba a solas con un orko sádico. Desenvainó lentamente su tosco machete, lo elevó por la cabeza, Tegamus cerró los ojos y justo cuando se disponía a asestarle el golpe, un estruendo resonó en toda la habitación. Un poderoso puño de combate aplastaba la cabeza del noble orko contra la pared, el poseedor de este puño era el mejor dreadnought furioso de los ángeles sangrientos, Moriar. Separó el puño de la pared y el apestoso cuerpo del noble orko cayó al suelo. Moriar miró a Tegamus y este le dijo:

-Hazlo hermano pues ya sé que no duraré mucho, acaba conmigo. Me reuniré con nuestro señor Sanguinius al fin.

El dreadnought siguió mirándole, como si estuviese teniendo una lucha de voluntades en su interior; “quizás se podría salvar... ¡no! ,no seas crédulo Moriar”, se dijo a si mismo. Cerró el puño lentamente, lo alzó y lo dejó caer sobre su hermano.

 

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