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Relatos, historias de warhammer 40,000



Inquisidores, El Descubrimiento

El débil y suave golpeteo de la tierra arrancada del suelo por las fauces de la artilleria de las fuerzas del Emperador chocaba contra el casco de ceramita reforzada del Rhino.

El Inquisidor Angus AushNark se despertó de su levitar, el piloto del vehículo comunico a través del transmisor que el desembarco se produciría en 30 segundos. En el vehículo iban el Inquisidor y su escolta. Ésta estaba formada por dos servidores guerreros, los había alistado en el planeta Corindor, del sistema Nexus. Estos dos hombres habían demostrado su valía en el combate, mas de una vez habían salvado a Angus de una muerte segura. También llevaba a un psíquico, Loworit, éste aun estaba con ansiedad, debido a su estrés generado por la rapidez del despliegue. El sabio que acompañaba a la unidad de la escolta, y que la completaba, era Norkwin, con doscientos años de vida aproximadamente, había servido a tres inquisidores diferentes, el último, Angus. Acompañando y protegiendo al inquisidor y su escolta estaban dos Guardianes de la Muerte. Gigantes de ceramita portadores de bolter de asalto y con una fuerza sobrehumana. Angus ya había observado el poderío de estos superhombres en una campaña en el planeta Ahire, contra las fuerzas herejes de una colmena entera; el poder de estos gigantes era tal, que la campaña llegó a su fin en dos semanas. El piloto anunció por el trasmisor, que el desembarco se produciría en breves segundos. Todos se levantaron, y se pusieron de pie, preparándose para desembarcar.

El Rhino hizo un giro forzado derrapando en el duro suelo y arrancando chatarra y escombros que poblaban el consumido terreno del campo de batalla. La puerta posterior y lateral izquierda se abrieron con un chirrido agudo, al chocar metal contra metal. Los legionarios astartes salieron cubriendo las puertas del Rhino, detrás de ellos, salieron Angus y su escolta.

- Marine espacial, forme un perímetro de defensa para establecernos y avíseme una vez el desembarco se haya producido satisfactoriamente.-

- A la orden señor - La voz grave aumentada por el casco del Guardia de la Muerte respondió de inmediato a la orden del inquisidor.

En menos de un minuto, todos se habían situado en su posición. Angus empezó a comunicar al centro de mando las coordenadas y esperó nuevas instrucciones.

- Aquí el inquisidor Angus, el desembarco se ha producido sin ninguna baja. Nuestra posición: La. 23º Norte, Lo. 10º oeste.-

- Re.....ita.........se.......r.......no.......l.......es...c..a......bi...n - Sonó por el transmisor.

Angus no lograba entender nada de la transmisión. Optó por pedir ayuda al legionario astartes. Éste comunicó a través de su transmisor todo lo que le pidió Angus. El mensaje llegó a el centro de mando.

-La misión que hemos de realizar es la siguiente: En primer lugar hemos de mantener la posición en el sector 1B 23#, esta a 5 km de nuestra posición, hemos de ir a pie, entre los edificios para que las fuerzas enemigas no detecten nuestra misión. Asi que, en marcha.- EL legionario astartes comunicó con su grave voz.

Angus, su escolta, y los dos legionarios astartes emprendieron la marcha a través de los edificios que se situaban a su derecha, les quedaban cinco km de duro camino entre los amasijos de chatarra y escombro. Durante una hora se mantuvieron a cubierto gracias a las inclemencias del tiempo y a los edificios. Pero al llegar a un descampado, probablemente sería el espaciopuerto de la colmena, las pistas construidas hace años con duro rococemento, ahora estaban deterioradas e inservibles para su uso. Varios individuos observaban desde una atalaya la pista.

Angus sacó de su mochila unos prismáticos y dirigió su mirada hacia la atalaya, allí se sorprendió debido a que quien estaba en la atalaya, eran dos guardias con dos rifles láser colgados a la espalda, eran estándar de la Guardia Imperial, pero la gloriosa águila bicéfala del Imperio había sido sustituida por sucios iconos del caos, esos dos hombres estaban corrompidos por el poder del caos. Angus cogió un rifle francotirador que portaba uno de sus servidores guerreros y ayudado por un legionario astartes. Las dos armas con silenciador dispararon al unísono y dos sujetos cayeron de la atalaya, hasta chocar contra el desmembrado rocacemento. Esperaron dos minutos para ver si venia alguien más, debido a que aquello estaba silencioso, y con escaso movimiento humano, excepto el de Angus y sus compañeros. Avanzaron con paso rápido a lo ancho de toda la pista, sin levantar alguna sospecha por parte de sus enemigos, hasta el momento, casi invisibles. Llegaron hasta un antiguo edificio, el águila imperial que presidía el enorme balcón estaba sepultado por frases inteligibles. Todos los cristales estaban rotos, en algunas zonas de las paredes el rococemento había cedido al bombardeo, dejando al descubierto la desnuda habitación que guardaba. El grupo entró sigiloso a través del arco que permitía el acceso al edificio. Su interior no mostraba mejor aspecto que el exterior, había papeles por los suelos, los escasos muebles que quedaban estaban destrozados por los impactos de metralla de las bombas, o por un posible tiroteo. Angus se acercó a una ventana, al asomarse a ella su corazón comenzó alatir de una forma sorprendentemente rápida. Se volvió pálido hacia atrás, de espaldas a lo que acababa de ver. Los legionarios astartes se asomaron al mismo tiempo, y observaron el horror que había espantado al inquisidor. Cientos de marines corruptos, corrompidos por las falsas promesas de los dioses del caos, descansaban sobre las ruinas de un antiguo centro comercial, estaban impacientes, ya que se peleaban entre ellos entre risas, puñetazos e insultos.

- Señor, Angus, hemos de volver inmediatamente a la nace nodriza, este ejército debe ser destruído en el acto, antes de que pueda hacer mal. -

- No podemos, si despegásemos en este momento con la nave, nos detectarían y nos podrían abatir, con lo que nuestro mensaje no podría llegar a su destino, lo mejor es mantener nuestra posición y observar.

- A la orden señor, pero en caso de que nos descubran, no se espere un buen recibimiento.

- No se preocupe por eso, asumo el peligro. - Respondió el Inquisidor

Tras este breve periodo de conversación, el grupo se dispersó por el edificio, tomando posiciones desde las cuales podían observar, pero no servistos.

 

 

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