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La batalla de los cielos de Traxillis

“Iluminad el vacío con vuestra fe en el Emperador” consigna del confesor principal hephaestus de la Ángel Vigilante antes de la batalla por los cielos de Traxilis.

Kag Hydrel es un planeta boscoso situado en la zona templada del sistema Vahan, es un mundo agrícola de tamaño medio con una población de 10 millones de habitantes. El planeta en sí es valioso por sus árboles alkan autóctonos, que producen unos frutos duros de fácil conservación i potente carga alimenticia, éstos árboles conforman la base de la economía del planeta, y su gran producción lo ha convertido en el eje agrícola del sector. La población del planeta se divide en dos grandes ciudades situadas en el mismo hemisferio, i en millares de colonias de recolección.

Y fue sobre los cielos de Traxilis, una de sus grandes ciudades dónde los defensores del planeta lucharon para evitar la invasión del mundo a manos del caos durante la guerra Vahan.

Cuándo la flota del caos salió de la disformidad, uno de sus cruceros, el Violación se dirigió hacia el planeta verde para desembarcar un ejército de 5.000 soldados renegados sobre su superficie, los cuáles, con el apoyo orbital del crucero conquistarían el mundo y asegurarían el suministro de alkan a la flota del caos. Frente a ellos se erguían los defensores imperiales; sobre el planeta orbitaba la plataforma de defensa Ángel Vigilante, dirigida por la prefecta Valeria, la estación estaba dispuesta a luchar hasta la muerte antes que permitir que el caos mancillara el mundo bajo su protección. Defendiendo el planeta también se alzaba la fragata clase sable Ira de su Majestad, capitaneada por el veterano Salmien. Los sistemas tecnológicos de las dos naves estaban en un estado superior a la media, con lo que la defensa sería mucho más efectiva. Los astrópatas de la plataforma habían enviado un mensaje desesperado de socorro a las naves de la flota, pero el Almirante General Varvaras tenía que concentrarse en la defensa del ataque principal del caos en Ashkenash y otros planetas, así que sólo pudo enviar una fragata (la Signum Sanctum) en ayuda del asediado planeta.

El capitán hereje Gonnels decidió atacar con el crucero sobre Traxilis, para poder bombardearla y para que si caía alguna nave dañada sobre el planeta se estrellara cerca de uno de los centros de población, causando así la mayor destrucción posible (planteamiento que resultaría muy cierto durante la batalla). Sin más alternativa que bloquear a la nave hereje sobre los cielos de la ciudad, los defensores se situaron en medio de la ruta del caos, la Ángel Vigilante forzó sus motores al máximo para orbitar de una ciudad a otra, y la Ira de Su Majestad apuntó desafiante su proa hacia los invasores.

El Violación avanzó a toda potencia hacia el planeta y disparó sus lanzas frontales contra la plataforma, pero ésta estaba fuera de su alcance. La fragata flanqueó a la nave del caos por babor, y el capitán Salmien disparó sus baterías de armas frontales contra el costado del crucero, los escudos de éste se encendieron y chirriaron, pero no pudieron detener la mayor parte del fuego de la Ira de su Majestad, y sus puentes se poblaron de explosiones; entonces, cuándo el Violación avanzaba por entre una tormenta de llamas, la plataforma abrió fuego, atravesando los escudos sobrecargados y dañando la proa de la nave, todo el buque tembló al recibir éste nuevo impacto, y los soldados del caos se removieron inquietos en sus naves de desembarco. Pero el crucero sólo había sufrido daños marginales, y lleno de ira, Gonnels ordenó a su nave cargar contra la estación, todo el puente de mando mutado se transformó en un hervidero cuándo los herejes se pusieron a repartir las órdenes de su señor. Las lanzas de proa dispararon contra la plataforma, pero a esa distancia fallaron por bastante y se estrellaron contra los escudos de la estación. Llenos del odio de toda una vida, los centenares de marineros de el costado de babor se pusieron a girar sus gigantescas armas para apuntar a la Ira de su Majestad; entonando cantos y salmodias blasfemas, tiraron de las descomunales cadenas hasta reventar con ayuda de enormes y grotescos mutantes más parecidos a bestias que a hombres. Las armas giraron del todo, y dispararon una tremenda salva contra la fragata, sus escudos se colapsaron por unos segundos y la nave quedó envuelta por una enorme bola de plasma y explosiones, por un instante todos los hombres y mujeres de la Ira del Emperador encomendaron sus almas al Emperador, pero la andanada se había estrellado contra el casco destruyendo sólo un pedazo de la cubierta de babor, y con un grito de feroz alegría los tripulantes se precipitaron hacia sus armas dando gracias al Emperador.

Mientras el crucero avanzaba hacia ellos, los tripulantes de la plataforma se afanaban en torno a sus armas, en cada compartimento estanco de armas, bajo las cúpulas góticas de centenares de metros de altura, decenas de miembros del personal de la flota tiraban de cadenas, empujaban o arrastraban, los tecnosacerdotes se deslizaban por el aire haciendo miles de reparaciones i ajustes mientras volaban arriba y abajo con ayuda de sus campos de suspensión, convertidos en manchas rojas ondeantes por efecto de sus túnicas; los predicadores y confesores entonaban himnos sagrados rodeados de incienso, y los comisarios animaban a los hombres bajo su mando echando una mano con las armas más pesadas de vez en cuando. En medio de toda esta actividad, los titánicos cañones se movían pesada y estruendosamente metro a metro para seguir apuntando al crucero del caos. Erguida en su Trono de mando, en las profundidades de la Basílica, rodeada por oficialidad y ingenieros Valeria daba órdenes rápidas para mantener la plataforma apuntando al enemigo y con los escudos dispuestos.

A bordo de la Ira de su Majestad, al capitán Salmien le dio un vuelco el corazón cuando vio que la nave del caos había descuidado la protección de su proa, y levantándose de un salto, ordenó con la voz llena de excitación virar a babor para apuntar con su proa a popa de la nave del caos, el enjambre de oficiales i comunicadores se movió cómo agua por entre los atriles de madera y bronce y la maraña de cables del techo para transmitir sus órdenes, aumentando el ya de por si excepcional nivel de actividad del puente. Hambrientos de venganza, los artilleros de las baterías y cañones frontales esperaron el momento oportuno para abrir fuego, y sus rayos abrieron un boquete ardiente en los motores de la nave del caos. Cuándo las armas descargaron, los tripulantes se movieron en consonancia, empujando las pesadas armas hacia atrás en medio de cantos navales para recargarlas o abriendo los interruptores blindados entre varios tripulantes para restablecer el flujo de energía. Todo bajo los atronadores rugidos de los maestros artilleros y el olor del purificador incienso.

Una nueva salva fue disparada desde la Ángel Vigilante, la masa de rayos de energía y plasma se estrelló contra la proa del Violación debilitándose un poco por efecto de los escudos.

El violación se estremeció, algunos de sus pasillos se llenaron de fuego y otros se despresurizaron, aplastando a los tripulantes mutados cómo a huevos, el capitán Gonnels, señor de millares de almas se levantó con un rugido furioso de su trono esculpido con forma de cabezas de demonio, una luz roja iluminaba el puente de hierro negro lleno de pinchos y cuchillas, unos ojos y mandíbulas que no deberían haber podido nacer de la pared se estremecieron al captar el castigo que sufría su nave; con un movimiento brusco, el capitán extendió el tentáculo en que se había convertido su brazo izquierdo y estranguló a un oficial (una criatura grotesca con brazos de insecto y la cara deformada) que había cometido el error de estar demasiado cerca de su señor en ése momento, la muerte de su compañero fue celebrada con una risa enfermiza por el resto de los oficiales del puente. Aplacada su ira, Gonnels ordenó mantener el rumbo y redirigir potencia adicional a las lanzas mientras constreñía la cabeza del muerto con su tentáculo, haciéndola estallar y manchando el suelo y su uniforme con un amasijo de huesos y masa encefálica de color verde. Los tripulantes encargados de las lanzas, hicieron un esfuerzo sobrehumano para tenerlas listas cuánto antes, y los miembros y caras que salían de los paneles metálicos se agitaron clamando por la muerte de los enemigos de sus dioses, animando a los seres informes y monstruosos que allí trabajaban a redoblar sus esfuerzos.

Y el Violación abrió fuego, los rayos de energía de sus lanzas cruzaron el espacio cómo los heraldos del apocalipsis, y convergieron en la Ángel Vigilante. Algunos de los rayos se estrellaron contra los escudos, pero el resto reventó contra la plataforma, las paredes blindadas se curvaron hacia adentro y estallaron, llenando las bóvedas de armamento con pedazos de toneladas de peso que se movían a una velocidad letal, los hombres fueron aplastados bajo la lluvia de fragmentos, los tecnosacerdotes derribados del aire, y las titánicas armas de desplomaron de sus soportes cuándo éstos fueron machacados, algunos fragmentos cruzaron el aire y se estrellaron contra los compartimentos posteriores, causando todavía más daños; la descompresión arrojó muertos y nubes de escombros al vacío, cómo lágrimas de destrucción. Dónde una vez había habido vida ahora había un cementerio silencioso.

Enfurecida por el daño que había sufrido su amada plataforma, la prefecta ordenó girar la plataforma sobre el eje a babor para apuntar con el máximo número de armas al Violación, con un crujido, los retrocohetes de la Ángel Vigilante se pusieron en marcha, y la enorme mole de la plataforma giró a babor en medio de los profundos gemidos del metal bajo presión. Los artilleros y marineros permanecían en un silencio tenso mientras sus cañones giraban hacia la nave enemiga, entonces, con una perfecta coordinación, abrieron fuego, y los rayos de sus armas cruzaron el espacio para impactar y destruir. Cuándo se disipó la explosión vieron que la proa del Violación no era más que un amasijo desecho, pero la nave seguía avanzando y con sus lanzas intactas y amenazadoras apuntando al casco de la estación. Los tripulantes se esforzaron cómo posesos para recargar sus armas, apremiados por los oficiales y su propio instinto de supervivencia, pero a cada instante que pasaba más se les acercaba la muerte.

La Ira del Emperador seguía pegada a la popa del crucero, con un rugido atronador, los marineros y artilleros completaron la recarga de sus armas y se prepararon para disparar y recargar. La fragata se deslizaba ágilmente tras su presa, los tecnosacerdotes y operarios de los motores daban el máximo de sí mismos para mantener el rumbo y la velocidad, y cuándo los sistemas de puntería parpadearon con runas verdes, toda la nave disparó cómo si fuera un solo cañón. Los rayos de energía cortaron el vacío y atravesaron los escudos debilitados por las armas de la estación para finalmente alojarse en el motor del Violación; la explosión fue descomunal, pese a que no había destruido el motor, el impacto había destrozado muchos de sus cohetes las ondas de presión habían aplastado o destrozado a decenas de tecnosacerdotes herejes convirtiéndolos en montones de chatarra y miembros sanguinolentos, y habían despedazado a muchos hombres de la dotación, los demonios del motor aullaron cuándo fueron obligados a regresar a la disformidad al ser destruidos los mecanismos a los que poseían. Inmediatamente, docenas de ingenieros desfigurados dirigidos por tecnosacerdotes mutados se dirigieron hacia las partes dañadas para intentar repararlas, llenando los pasillos de servicio con el arrastrar de sus mutaciones y los cantos al Omnissiah blasfemo. Los compartimentos dañados se llenaron de vacío estelar y el fuego se propagó por algunas zonas cómo un dios devorador primigenio. Al recibir la fragata el informe de que la nave del caos no podría girar con sus cohetes tan dañados, toda la nave estalló en un clamor de júbilo y alegría.

El tecnosacerdote Aphrael primus estaba dirigiendo un grupo de tripulantes en la reconexión del cable tertius al alma del cañón, echó una breve ojeada hacia la pantalla del ópticon y se le heló el corazón. La nave del caos se les acercaba a toda máquina, dado su tamaño, les destrozaría por lo menos unas cuantas cubiertas, Aphrael rogó al Omnissiah que el impacto de su carga no dañara ningún sistema vital y presionó a los hombres para que se dieran prisa en la reconexión. Avanzando por el espacio a gran velocidad, el Violación cargaba contra la plataforma en pos de la muerte de los seguidores del Emperador, por sus pasillos de estribor corrió una marea de mutantes ciclópeos y descomunales que se dirigían a las cápsulas de abordaje de proa, cada destacamento contaba con potentes cargas de fusión y plasma para dañar la estación; avanzaban entonando cantos a sus dioses y sus pisadas pesadas resonaban en los estrechos pasillos. La proa de la nave, convertida en una masa de restos punzantes y metal fundido se estrelló contra el casco de la Ángel Vigilante. Las vigas de adamantium traspasaron los mamparos blindados que separaban las cúpulas de armas del espacio y se abrieron paso por las cubiertas cómo depredadores abriendo un surco de destrucción; hombres y máquinas por igual fueron destrozados, los enormes cañones de las armas fueron cortados en dos y se precipitaron hacia Traxillis atraídos por la gravedad, toda la plataforma se estremeció por la fuerza del impacto y descendió a una órbita más baja mientras su costado era desgarrado por el Violación, largas lenguas de oxígeno salieron al espacio, y estallaron en llamas cuándo las chispas de la destrucción prendieron en ellas. Entonces, sin dejar tiempo al personal de la plataforma para que se recuperase de las ondas de choque, una nube de cápsulas de asalto se precipitó cómo una lluvia de agujas hacia la herida ardiente, cada una de ellas perforó los paneles interiores y liberó a su carga de mutantes.

El comisario Urett se levantó del suelo, la onda expansiva lo había arrojado hasta allí, y ordenó a sus hombres hacer lo mismo; de repente en el oscuro pasillo estalló un pedazo de la pared, el comisario no necesitaba saber que era, después de todo estaban en alarma de abordaje, y extendiendo sus pistolas bólter disparó una lluvia de proyectiles hacia el boquete de la pared; el primer mutante en salir, una bestia de cinco brazos con escamas óseas por todo el cuerpo fue acribillado por los marineros y Urett, pero parecía que las armas no hacían mella en él. El comisario lanzó una maldición cuándo la bestia se lanzó a por él, desenvainó la espada sierra del cinto y detuvo la maza ósea que era uno de sus brazos, gracias a sus reflejos potenciados esquivó la acometida de los otros cuatro brazos restantes y girando sobre sí mismo le clavó la espada en el vientre, descargando una lluvia de proyectiles explosivos contra el pecho de la criatura al mismo tiempo; el mutante se tambaleó y cayó con un golpe sordo. El comisario miró a su alrededor con ganas de derramar la sangre de los infieles, su siguiente oponente era un monstruo de dos metros de altura con cabeza de saurio y pinzas en lugar de brazos entre las que aún sujetaba los restos de una marinera despedazada, el duelo se entabló en unos segundos, pero terminó pronto, el mutante, más rápido que el anterior, esquivó la acometida de Urett y lo partió por la mitad, la visión del comisario se oscureció, y antes de morir un pensamiento cruzó su mente ofuscada “por el Emperador”. El ataque del caos penetró a fondo en la plataforma, los mutantes y herejes avanzaron disponiendo cargas en los sistemas vitales y masacrando a todos los defensores que encontraron, ni la orgullosa infantería de marina armada con rifles infernales pudo hacer demasiado contra la oleada de monstruosidades que se les echaron encima. Los guerreros del caos se retiraron a su nave, y en medio de la confusión, las cargas estallaron, reventando secciones de la plataforma desde dentro; muchas cubiertas se desplomaron, enviando al vacío hombres y maquinaria, muchos murieron orando al Emperador durante su caída.

La prefecta Valeria aún seguía en su sala de mando, pese a que ésta mostraba signos del castigo sufrido: de todas partes salía humo, cables inertes colgaban de la maquinaria y muchos oficiales y oficialas habían muerto por causa de la metralla producida por las explosiones. Valeria intentaba desesperadamente transferir órdenes a los diferentes puentes para mantener la base todavía operativa, pero las explosiones habían dañado los servocables de comunicación y las directrices y respuestas llegaban de forma entrecortada, mezcladas con los informes de daños, que no paraban de llegar. Entonces el tecnosacerdote primarius de la plataforma informó que las lanzas de la nave del caos habían llegado a su carga máxima y dispararían de un momento a otro, Valeria rogó al Emperador que los escudos contuvieran la mayor parte del impacto, pero dado el estado de la plataforma eso no parecía muy probable. Las lanzas de estribor del Violación restallaron, su rayo se abrió paso por entre los escombros y la superestructura destrozada hasta alcanzar los reactores nucleares de la Ángel Vigilante, el rayo hirió de muerte los motores y provocó un enorme escape de plasma que derritió a los tecnosacerdotes encargados del reactor, el motor no explotó, pero se apagó por completo, muerto y frío. Toda la sala de mando temblaba, cuándo los sistemas se apagaron, la Prefecta supo que había pasado, y que pasaría: la estación, desprovista de energía caería cómo una piedra contra el planeta, y se estrellaría creando un enorme cráter de destrucción e incendiando los bosques de los alrededores, esperaba que el impacto no dañara demasiado la ciudad de Traxilis, pero ella ya no podía hacer nada más. En la oscuridad, se encogió sobre sí misma y le pidió al Emperador que perdonase su falta, entonces, sacando un rosarius de su uniforme, empezó a recitar una oración mortuoria mientras la Ángel Vigilante iniciaba lentamente su caída hacia el planeta con un profundo gemido de metal torturado.

Una gran pesadumbre descendió sobre el corazón del capitán Salmien, al igual que sobre todos los tripulantes de la Ira de su Majestad cuándo vieron el destino funesto de la plataforma de defensa. Pero la esperanza aún ardía en el pecho de Salmien, puesto que al tener los motores seriamente dañados el crucero del caos no podía girar, y si seguía avanzando, se estrellaría contra el planeta. Así pues, si el violación no conseguía reparar sus daños, la Ira de su Majestad le podría causar grandes estragos, hasta que llegara la Signum Sanctum a completar la destrucción del navío. Con ésta esperanza calentando su corazón, el capitán ordenó mantener la nave quieta y concentrar toda la energía de los generadores de plasma en los cañones frontales. Animados por la misma esperanza que llenaba a su capitán, los hombres y mujeres de la tripulación, renovaron sus esfuerzos, y en medio de cantos ásperos empujaron, tiraron y teclearon para disparar las enormes armas con total eficacia. Los cañones de la nave retumbaron, y cómo rayos de una tormenta de la antigua Terra cortaron el vacío en dirección a su presa, estallaron dañando aún más los motores y desintegrando a parte de los equipos de reparación.

En la nave del caos reinaba una gran confusión, por los pasillos corrían multitud de renegados de toda índole que se dirigían de proa a popa, grandes transportes industriales de material avanzaban a toda prisa con reposiciones de los pañoles de material para reparar los motores, una marea incesante de tecnosacerdotes horrorosos y sus viles ingenieros renegados acudían a las zonas dañadas y el aire resonaba con sirenas de alarma y cánticos demenciales a los dioses oscuros, mientras toda la nave se estremecía con cada nuevo impacto. En uno de los grandes boquetes, se erguía entre los operarios y las maquinaria el magos hereje Mecopoleus, su cara era una máscara demoníaca horrenda hecha completamente de metal, cubría su cuerpo metálico una capa hecha con pieles humanas teñidas de rojo de procedencias oscuras, y sus seis brazos se movían de forma frenética mientras manipulaban los controles de los servidores y las máquinas que trabajaban allí. Mecopoleus estaba supervisando cómo una criatura mitad máquina mitad gigante pintarrajeada con las runas verdes y malvadas del Omnissiah corrupto sujetaba una gran plancha contra un boquete en la pared de un tubo descomunal, mientras montones de servidores y ingenieros lo soldaban, algunos se mantenían adheridos a la pared mediante ingenios mecánicos y otros mediante ventosas mutadas y otro tipo de deformaciones. Un trozo de la pared se deshizo bajo una nueva explosión, la diferencia de presión hizo que el agujero se tragara a algunos ingenieros y servidores y los arrojara al vacío antes que el Magos y su camarilla de tecnosacerdotes pudieran efectuar los ritos de despresurización. Mecopoleus maldijo por lo bajo, si nuevos equipos no llegaban, con esa lluvia de explosiones no acabarían nunca. Despachó a algunos de sus tecnosacerdotes a poner un intercambiador de presión en la puerta de servicio y se volvió a concentrar en el soldado de la plancha. En el puente, el capitán Gonnels ordenó a sus baterías de estribor que apuntaran a la ciudad de Traxillis, pese a que los rayos perderían parte de su poder al entrar en la atmosfera, seguro que destruirían algún edificio. Gonnels se giró y contemplo por los ópticons del puente cómo la plataforma se convertía en un meteoro ardiente, partes y mas partes se fragmentaban de la estación, los cañones de las armas se partían y se convertían en tubos rodeados de fuego, el capitán renegado podía imaginar el infierno que se estaría desatando en los compartimentos de la Ángel Vigilante y pensó que aquél era el fin que se merecían todos los ilusos seguidores del falso emperador. De pie en su puente, rodeado por sus inferiores, el capitán rió al imaginar la corrupción que pronto desataría sobre el planeta, tan buen punto hubieran sido reparados los daños de los motores y se hubiera quitado de encima aquélla molesta fragata. En las baterías de estribor, las armas iban girando pesadamente hacia la ciudad, su titánica estructura era movida tanto por servomotores cómo por miembros de la tripulación que tiraban de las cadenas entre cantos y quejidos. Cuándo la miríada de cañones del Violación se posó en la ciudad, éstos tronaron, enviando una tormenta de destrucción contra sus enemigos, los rayos se encendieron y debilitaron al cruzar la atmosfera, cayeron sobre los edificios reventando pisos y derrumbando cúpulas, pero no consiguieron hundir completamente ningún edificio.
La fragata seguía cargando sus baterías frontales de energía, los marineros y marineras se aplicaban a su trabajo rodeados de las nubes de incienso sagrado generadas por los sacerdotes de la Eclesiarquía y de los millares de pitidos, crujidos y gemidos que producían los sistemas de la nave. Los tecnosacerdotes iban de un lado a otro, controlando y arreglando los sistemas más complejos, efectuando multitud de ritos fundamentales y coordinando el trabajo de los ingenieros y servidores. Los oficiales dirigían aquella ingente masa de hombres y máquinas con los conocimientos y experiencia de toda una vida de servicio en la flota. Pese a que la nave había sufrido algunos daños al inicio de la batalla, estaba en completo funcionamiento, y sus rayos seguían siendo igual de mortíferos que siempre. En el puente, Salmien satisfecho del trabajo de su gente se comunicaba con la Signum Sanctum, pero todas las estimaciones de posición que le llegaban evidenciaban que ésta aún tardaría tres cuartos de hora en llegar, demasiado tiempo, demasiado. Salmien rezó para que aquéllos malditos herejes no repararan el motor de la nave y giraran el mortífero armamento de sus costados hacia él.
Los cañones se volvieron a llenar de energía y restallaron otra vez, sus rayos de muerte cruzaron el vacío y poblaron la popa del crucero de incandescentes esferas de destrucción. La superestructura temblaba con cada impacto, había secciones enteras de la nave que eran fundidas por las explosiones; las sirenas de alarma se mezclaban con los gritos de los moribundos y el estruendo de las reparaciones, mientras los tecnosacerdotes corrompidos intentaban a toda costa reparar los motores dañados. Las cubiertas de los motores aguantaban bien, puesto que estaban hechas de adamantio blindado, pero los compartimentos adyacentes estaban despedazados y una peligrosa brecha se abría hacia el puente. Gonnels había enviado a más de una cuarta parte de la tripulación ahí, y concentraba toda la potencia en los escudos de popa. Lleno de ira y de deseo de destrucción se giró hacia el ópticon dónde se veía una holoimagen de la ciudad, que estaba recibiendo el bombardeo continuo de las baterías de babor del buque. Al ver el escaso efecto de las explosiones ordenó redirigir más energía hacia las armas, sonrió aviesamente al ver cómo los disparos destrozaban edificio tras edificio, y supo que pese a que los habitantes estaban seguros en sus búnkeres a centenares de metros de profundidad, la ciudad tardaría años en recuperarse. Mientras, la estación seguía cayendo cómo un gigantesco cometa sobre el planeta, a bordo ya había muchos que habían puesto fin a su vida, dejándola en manos del Emperador, mientras que otros todavía se aferraban fútilmente a su supervivencia o esperaban serenamente el final.

Y así, durante un cuarto de hora prosiguió la acción, los tripulantes de la Ira de su Majestad descargaron su sagrada y mecanizada venganza contra los herejes cómo ángeles de destrucción, y los fieles del caos hormiguearon por entre los destrozos regenerando y sanando su nave, no importaba el coste en vidas, sólo la voluntad del caos. Un rayo del cañón frontal de estribor de la fragata perforó las baterías de uno de los costados de la nave, reventando máquinas y municiones en una letal deflagración de energía. Una lluvia de rayos hábilmente dirigidos se abrió un sangriento camino hacia el puente. Gonnels advirtió el peligro demasiado tarde, intentó escapar matando a todo aquél que le obstaculizaba, pero era en vano; un torrente de proyectiles de energía y plasma irrumpió en el puente, produciendo una explosión tremenda que hizo temblar toda la nave y la decapitó de facto, los aullidos de los demonios reverberaron en el espacio cuándo fueron expurgados del puente a la Disformidad. En la fragata los gritos de victoria de alegría y victoria rasgaban el aire, y con feroz devoción todo el mundo colaboraba hasta reventar en la recarga y disparo de las armas. La felicidad de la batalla iluminaba todos los rostros, y los obscenos insultos de los marineros se entrelazaban con los cantos de gracias al Emperador de los predicadores, mientras los tecnosacerdotes permanecían tan impasibles cómo siempre.

La Ángel Vigilante se estrelló contra el planeta cómo el martillo del apocalipsis. La primera onda expansiva rompió todos los cristales de Traxilis excepto los vitrales blindados de la Catedral y el Administratum. La conmoción de su impacto desenraizó y tumbó los árboles de quilómetros a la redonda. La destructiva fuerza de su choque levantó una ola de roca fundida que abrasó la tierra y la convirtió en un desierto ardiente de cenizas. Las placas tectónicas crujieron bajo la fuerza liberada, y se abrió un cráter de metal fundido de cien metros de profundidad. Cuando la onda de energía llegó a Traxilis numerosos edificios se derrumbaron cómo si estuvieran hechos de arena y el rococemento se fundió al paso de la ola de roca desecha, la onda expansiva trazó una curva de materia burbujeante y ardiente en la superficie de la ciudad. Algunos búnqueres fueron destruidos, pero en una proporción insignificante.

Los bosques prendieron al paso de la destrucción, y un descomunal incendio se desató sobre el planeta. Sobre éste paisaje de aniquilación y muerte se cernía cómo un manto apropiado una terrible nube de cenizas que tapaba la luz del sol a su paso.

Finalmente los servidores del Omnissiah oscuro terminaron sus reparaciones, y con un potente zumbido, los motores se volvieron a poner en marcha mientras el hambre de venganza crecía con furia dentro de la nave. El segundo oficial Skrean ordenó girar la nave a babor y disparar a la fragata y a la ciudad por ambos costados, sus ojos facetados de insecto vigilaban el trabajo del personal del puente de mando secundus, y su látigo neuronal se aprestaba a golpear aquellos que no trabajaban con suficiente efectividad. Habló con la diablilla que lo poseía susurrándole que pronto destruirían a aquellos patéticos servidores del cadáver y entonces el divino esplendor de Slaanesh se desataría sobre el planeta.

En medio del aullido de los ingenios demoníacos, centenares de corrompidos y engendros mutados tiraron de las armas para ponerlas en posición de fuego; la venganza ardiente impulsaba sus cuerpos y los susurros del caos les llenaban el corazón.
El violación abrió fuego, de las castigadas cúpulas de armamento brotó un rosario de explosiones de lanzamiento, que cruzaban el espacio a gran velocidad hacia sus desafortunados objetivos. La lluvia de muerte cayó sobre Traxilis; sus rayos fulgurantes atravesaron la capa de cenizas e impactaron en las calles. El asfalto se levantó en enormes cráteres, numerosos edificios se derrumbaron en una enorme nube de escombros y polvo. Los búnkeres gimieron bajo el tormento del bombardeo, y algunos cedieron, sepultando a decenas de ciudadanos bajo sus ruinas.

La Ira de Su Majestad, que estaba intentando maniobrar para presentar su proa blindada al castigo del caos recibió el bombardeo de lleno. Los escudos y el casco contuvieron parte del impacto inicial, pero algunos proyectiles explosionaron en las cubiertas dorsales arrancando enormes pedazos y arrojando hombres y material al frío exterior. Salmien se estremeció en su trono con aquél nuevo impacto, otra andanada que había matado a fieles sirvientes del Emperador y los había mandado a una muerte fría. Ya no había esperanza, el crucero había reparado sus motores y los superaba ampliamente, la única posibilidad era intentar infringirle suficientes daños para que la Signum Sanctum pudiera darle el golpe de gracia. Salmien sabía que él y todos los hombres y mujeres de su nave perderían la vida en el intento, pero esperaba una gozosa existencia al lado del Emperador y no le tenía miedo a la muerte. Así pues dio las órdenes pertinentes, iban a hacer un viraje cerrado a estribor y se situarían a popa del crucero. Sabía que con la cantidad de equipos de reparación concentrados allí no podría causarle muchos daños, pero merecía la pena intentarlo.

Sentado en su trono majestuoso, decorado con el águila imperial, el capitán impartió sus órdenes. Los comunicatii teclearon a una velocidad frenética para transmitirlas, los curatores manipularon sus paneles de bronce incomprensiblemente complejos para redirigir la energía según los deseos del capitán y los codiciarii registraron hasta el último detalle de la situación. Hombres y mujeres daban vida al puente en un torbellino de uniformes verdosos y dorados. En la infinitud de cubiertas inferiores la acción continuaba, el rugido del metal y de los marineros llenaba las bóvedas mientras la nave se desplazaba veloz por el espacio. La fragata se situó a popa del crucero, pero no teniendo suficiente tiempo para hacer un viraje en redondo le disparó con las baterías de babor en vez de con los cañones de proa; la andanada no causó daños vitales, y los tripulantes de la Ira de Su Majestad palidecieron cuándo el crucero empezó a girar rápidamente.

Toda la nave del caos era actividad, por las numerosas cubiertas discurría todo un río de frenético movimiento mientras los reactores de plasma se forzaban al máximo para virar en redondo a babor. En las salas de máquinas y el generatorium los tecnosacerdotes se movían de un sitio a otro con sus patas de arácnido, atendiendo numerosos rituales de funcionamiento bajo las malignas runas verdes que parpadeaban con vida propia. Después de efectuar un giro muy cerrado de 180º, la nave apuntó con su proa a la fragata, algunos rayos de baja energía fueron disparados, causando algunos daños en la cubierta, pero el ataque principal vendría de otro lado.

Desde la proa del crucero fueron disparadas centenares de cápsulas de desembarco que se estrellaron contra la fragata, de ellas descendió un torrente de mutantes y tropas de asalto dispuestas a minar la nave de sus enemigos.

La marinera de segunda Wolen se agarró a un pilón de sustentación cuándo una nueva oleada de explosiones sacudió la cubierta. Tan buen punto cesaron echó un vistazo a la sección dónde estaba asignada, parecía que la maquinaria había aguantado sin sufrir daños, y que todos sus compañeros seguían con vida. Entonces cuándo se disponía a volver a su trabajo sonaron las alarmas de abordaje. Se descolgó el rifle láser de la espalda y se cubrió según había aprendido de las enseñanzas del comisario. Se empezó a sentir el rugido de la espada sierra del predicador, y entonces vio cómo un pedazo de la pared exterior estallaba en una explosión de metal fundido y destrozos, vio cómo de aquella herida ardiente salían montones de herejes deformados, con cuernos , tentáculos y carne amorfa, vio cómo también salía un monstruo enorme, era una criatura de pelo negro, cuchillas negras brillantes y muchas mandíbulas circulares llenas de colmillos, de las cuáles salía un chillido ansioso por devorar la carne de los mortales. Una ola de miedo y terror golpeó su cuerpo, cómo si todo su ser quisiera alejarse de aquellas aberraciones fruto de la locura, pero se sobrepuso con su ardiente fe en el Emperador y empezó a descargar muerte contra los seguidores del caos. Vio cómo el predicador Narhan cargaba contra la horda del caos a la cabeza de un grupo de marineros, los proyectiles láser rebotaban en su armadura o mataban a hombres y mujeres a su alrededor, vio cómo la noble infantería de marina disparaba sus rifles infernales, los proyectiles impactaban reventando cabezas o abriendo profundos y sangrantes boquetes en la carne herética; vio cómo la sagrada espada del predicador amputaba miembros y abría cuerpos hasta chocar contra el engendro en un duelo de titanes.

La resistencia de la fragata fue heroica, contuvieron magníficamente la ola del caos y el abordaje sólo pudo dañar parcialmente la nave. Deniem aprovechó la oportunidad, deslizó su nave fuera del alcance de la del caos, pasando por todo su costado de babor tan rápido que no recibió ningún disparo y situándose a su popa. Otra vez las baterías de babor de la fragata retumbaron, su tripulación, la única que había tomado parte en el combate juntamente con la de los cañones de proa había sido gradualmente aumentada con miembros de la dotación de estribor. Los rayos volvieron a impactar, desgarrando y fundiendo pedazos de navío herético. Skrean, segundo oficial del violación rió con perversión, en su prisa por escapar, los servidores del cadáver le habían dejado ruta libre para desembarcar sus tropas sobre la ciudad, sólo hacía falta llegar a ella y hacer descender el magnificente torrente de la corrupción. Dio órdenes para girar otra vez en redondo el crucero, y sonrió con satisfacción cuándo los crujidos de la superestructura le informaron de que se estaban cumpliendo sus órdenes.

Cómo un leviatán de leyenda la masa de miles de toneladas del crucero se movió rápidamente sobre la superficie del planeta fiel al Emperador, rebosante de odio su tripulación se esforzaba por llegar a la ciudad, todos sabían que el desembarco orbital sería mucho más efectivo sobre Traxilis, dónde las huestes del caos tendrían la cobertura de los edificios durante su despliegue inicial y no tendrían que avanzar desprotegidos contra la línea urbana, los vehículos podrían ser desembarcados más tarde, en las afueras o algún terreno favorable. Un gran rugido de guerra recorrió los grandes transportes de desembarco mientras hacían su recorrido desde las entrañas seguras de la nave hasta el casco externo, listos para ser lanzados contra el planeta. En su metálico interior los himnos de guerra blasfemos y rítmicos atronaban el reducido espacio, mientras los horrendos seguidores del caos se preparaban para machacar la carne de los ilusos seguidores del falso Emperador.

Entonces, cómo el rayo de un faro en medio de una tempestad negra y terrible, apareció por el horizonte la silueta de la Signum Sanctum.

Fragata de Su Divina Majestad, llegaba con el viento de la venganza, lista para llevar retribución a los enemigos del divino Señor de la humanidad. Por sus puentes y cubiertas, todo el mundo se esforzaba con la fría determinación que hacía famosa a su capitana Ignatia entre las filas de comandantes de naves de escolta. Cómo si la suerte de un planeta entero y miles de vidas no dependiera de ellos, los tripulantes se movían cómo el preciso e insensible movimiento de una máquina. La fragata cortaba el espacio hacia los herejes, lanzada cómo una flecha contra su objetivo. Con la mirada impasible la capitana llegó a la conclusión de que no había más remedio que disparar al crucero ahora, no podía esperar que el hereje al mando apartara su nave amablemente de la ciudad para irse a pique en cualquier otro sitio, pues bien, iba a derribar-lo allí, los herejes nunca escapaban de sus garras. Ordenó al segundo Herslan que abriera el canal de comunicaciones y dirigió un calmado discurso que convenció a toda la tripulación de su acción y reafirmó su esfuerzo. Ignatia no era partidaria de tratar a su tripulación cómo esclavos, siempre y cuándo cumplieran su parte a la perfección, una lección que había aprendido durante su servicio en el crucero Martillo de Demonios del capitán Greysenn.

Lleno de amarga decepción que se comía un natural temor, Skrean ordenó girar una cuarta a babor, de manera que sus dos baterías apuntaran a las dos naves al mismo tiempo, su látigo neuronal se movió con vida propia desgarrando la carne de su dueño, con lo que éste aulló de placer ante la lección de humildad que le enviaba su amo Slaanesh. En un espasmo de terror y prisa los transportes fueron lanzados hacia la ciudad. El pánico se propagaba por la nave, solo aquéllos seguidores más fanáticos de los dioses no sintieron su mano helada en el corazón. Desde las abominaciones mutadas de tres metros de altura hasta los más escuálidos cultistas, corrió el temor, no sólo a la muerte, sino también a una eternidad de condenación en el reino del caos. Skrean rompió a reír histéricamente, no hacía falta correr, ahora lo veía, con sólo mantener-se sobre la ciudad se asegurarían de caer cómo una enorme masa de destrucción sobre aquéllos bastardos destruyendo sus casas y factorías y llevándose sus miserables almas con ellos. Aún riendo conminó a no tener temor a la escoria que llenaba el buque, prometiéndoles la recompensa de los dioses a cambio de la destrucción de la ciudad.

Los transportes aceleraron al máximo en dirección a los edificios, sus tripulaciones ignorantes de la próxima caída del buque, pues habían sido lanzados con demasiada prisa. Sólo pasados unos buenos minutos Skrean se acordó de la ola de transportes y sonriendo con la cara sensual que le había proporcionado la diablilla que lo poseía ordenó que se alejaran del punto de impacto.

Salmien giró su fragata y sin pararse a pensar ordenó a sus baterías abrir fuego contra la nave del caos. Movidos por la alegre esperanza que había llenado sus corazones al contemplar la llegada de la fragata, los tripulantes empujaron y tiraron para preparar las armas, en medio de gritos de contento y maldiciones contra la nave del caos, las baterías restallaron, cruzando el espacio hacia el violación, pero no hicieron nada, los escudos absorbieron mucha energía y el resto no pudo destruir partes vitales, matando a sólo una pare insignificante de la tripulación, el grito de esperanza murió tan pronto cómo había nacido, y todos los hombres y mujeres a bordo de la nave se encomendaron con angustia al Emperador.
La Signum Sanctum todavía estaba demasiado lejos.

Con un rugido lascivo y cruel los seguidores del caos dispararon sus armas, las abominaciones rugieron con alegría mientras los cañones gigantescos se estremecían con la descarga de energía descomunal. Las runas malvadas se contorsionaron y cambiaron de forma, el aire se llenó de gritos pidiendo sangre y los poseídos de toda la nave notaron la excitación de sus demonios simbiontes.

Cómo la misma garra de Horus, la descarga de energía impactó a la maltrecha nave reventándola de proa a popa mientras se abría paso a través de la tecnología, la maquinaria y la carne. En la cubierta tertius, el marinero de primera Capellna agarró el rosarius que llevaba cruzado sobre al antebrazo izquierdo y contempló paralizado por el terror y la fascinación cómo la ancha avenida repleta de armas y tripulantes se deshacía, se hinchaba y se desmoronaba al paso de una enorme ola de fuego que consumía la nave. A su alrededor hombres huían, pasando de largo su figura inmóvil, para Capellna ero cómo si el tiempo se hubiera detenido, veía pasar a la gente a cámara lenta, y oía el infernal estruendo de las explosiones y gritos amortiguado, sólo una cosa captaba, la enorme ola de destrucción que avanzaba hacia él. La última cosa que vio antes de morir era una cortina de llamas que lo envolvía derritiendo sus ojos.

Aquéllos que contemplaban el duelo naval en las pantallas de los refugios ahogaron un grito de angustia al ver estallar la nave, la orgullosa portadora de ira se fragmentó desde dentro, una bola de muerte rompió y despedazó cables, metal y carne por igual, arrojando los restos fuera de su halo de destrucción. Los meteoros ardientes que se quemaban en la atmosfera eran las gotas de sangre que manan de un corazón traspasado.

Pero había llegado el final, después de las horas de destrucción y muerte que habían llenado la disformidad con centenares de almas, llegaba el momento del juicio.

Un gélido pesar invadió los corazones de los tripulantes de la Signum Sanctum, su presencia negra se extendió por su espíritu. Con un último esfuerzo tiraron de la maquinaria con los músculos atenazados por el dolor. Por sus mentes ofuscadas cruzaba un amplio espectro de emociones, impotencia, ira, miedo, fe, fatiga. Pero lo más importante era la férrea determinación que empujaba sus cansados cuerpos.

Las letanías de Ira de los predicadores, los gritos duros de los oficiales se mezclaban con el atronador rugido de la poderosa maquinaria que hacía temblar las cubiertas. Con un último grito los exhaustos marineros abrieron fuego. Una andanada de pura energía impactó en la nave herética. Cómo el martillo de los ángeles y la cólera de la divinidad golpeó a diestro y siniestro quemando la carne, desintegrando la materia y fundiendo el plastiacero. Parecía la ira pura del Emperador destrozando a sus enemigos con un poder inimaginable.

El violación se retorció por babor, crujió y se contrajo; sus compartimentos blindados se encogieron sobre si mismos cómo un paquete de varillas de lho en manos de un veterano. La munición y la energía estallaron formando flores de muerte secundarias que se llevaban con ellas todo aquél que tocaban. Los centenares de supervivientes que aún estaban vivos aullaron presos de una locura ardiente ante la proximidad de la muerte. Las máscaras y barreras mentales se deshicieron, cediendo a un salvaje rugido de vida. Skrean aprovechó sus últimos momentos de vida en una orgía de pasión en que su diablilla simbionte consumió a todo el personal del puente. Algunos pasaron sus últimos momentos presas de la locura, otros aprovecharon para atacar aquéllos a quien siempre habían odiado, y otros se inclinaron desesperados ante los dioses del caos.

El violación cedió bajo el impacto, sus motores se apagaron sin cesar de escupir plasma y su piel maldita reventó en millares de puntos.

Hasta el último hombre a bordo de la fragata se arrodilló, una multitudinaria oración se elevó de centenares de gargantas mientras el buque renegado herido de muerte se precipitaba sobre la atmosfera. Contemplaron la muerte de un continente y la caída del traidor. En el puente, los oficiales y la capitana permanecían arrodillados mientras frente a ellos en el opticon principal una gigantesca bola de fuego y metal hirviente descendía sobre el planeta.
El día de la condenación había llegado.

 

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